Free Convict

Free Convict es un grupo de rap fundado por prisioneros en la Penitenciaría General de Venezuela. (Presentado por Free Convict)

Free Convict es un grupo de rap fundado por prisioneros en la Penitenciaría General de Venezuela. (Presentado por Free Convict)

Habían empuñado armas, habían secuestrado, habían herido, habían robado, habían consumido drogas, habían matado. Eran muchos —unos 10 mil— y estaban hacinados en la Penitenciaría General de Venezuela (PGV), una cárcel ruidosa, sucia y oscura diseñada en los años 70 para albergar a no más de 900 presos. Tenían cosas en común: venían de barrios peligrosos, de hogares rotos, conocían la calle y sufrían en carne propia los latigazos pobreza.

Y también compartían un swing, un tumbao particular: el rap.

En la deteriorada cancha deportiva de esa prisión, bajo el sol vigoroso, solían juntarse para rapear: improvisaban, armaban versos, rimas, fraseos veloces. Para ellos, era una forma de lidiar con el tiempo en un lugar en el que las horas pasaban lentas; una manera de fluir donde todo parecía atascado. Detenido. Tanto disfrutaban esos ratos que una vez, en 2013, se les ocurrió la idea de armar un grupo. Lo conformaron 15 de ellos y lo llamaron Free Convict.

Uno de los integrantes era Ray Martínez. A él el ritmo le brotaba desde las entrañas. Le era natural. En la adolescencia había estudiado percusión en un teatro cercano a su casa, en el oeste de Caracas, y desde entonces rapeaba en la calle. Y en la calle, como tanto le advirtieron algunos adultos, no encontró nada bueno: a los 15 años, un amigo suyo le dio un arma para que matara a otro joven que no dejaba de fastidiarlo. Ray tomó la pistola y fue a buscarlo. Lo mató. Fue su primer muerto. Después vinieron otros. Y robos de autos. Y negocios sucios. Y drogas.

Por eso llegó a la cárcel.

—Con el celular BlackBerry que tenía, grabábamos las rimas que hacíamos. Primero fuimos pocos, pero poco a poco fueron uniendo más. Esos audios los mandábamos como mensajes a nuestros contactos en la calle— recuerda Ray.

Tenían la ilusión de que muchos escucharan lo que hacían tras los barrotes. Que alguien pusiera a sonar esas canciones en alguna estación de radio. Que el mensaje de la agrupación llegara lejos: unos presidiarios estaban gritándole al mundo que estaban arrepentidos de haber hecho daño y de haber sido delincuentes.

Ese anhelo, sin embargo, lucía improbable. Quizá utópico. Ellos seguían reuniéndose para reapear. Un día de 2015 estaban sumergidos en su flow cuando llegaron al penal —ubicado en los llanos venezolanos, a unas tres horas por carretera de Caracas—Pablo Castillo y Andrés Figueredo, productores que comenzaban a grabar un documental en la cárcel. Al escuchar las voces de los free convicts, esa capacidad que tenían de rimar, quedaron absortos. Tanto que ese mismo año Castillo y Figueredo gestionaron recursos y lograron un permiso de los pranes —presos de alto calibre que gobernaban las cárceles— para construir allí dentro un estudio musical.

Con la ayuda de dos productores de música, el grupo pudo construir un estudio de grabación en la cárcel y están finalizando su primer álbum. (Presentado por Free Convict)

Con la ayuda de dos productores de música, el grupo pudo construir un estudio de grabación en la cárcel y están finalizando su primer álbum. (Presentado por Free Convict)

“Nosotros mismos construimos ese estudio. Cargamos los bloques, el cemento y lo hicimos. Cuando estuvo listo, hay grabamos nuestro primer disco. Tiene once temas que escribimos dentro del penal y que expresan el concepto de la agrupación”, cuenta Ray.

En septiembre de 2017, seis de ellos habían terminado de purgar sus penas. En libertad, se presentaron en la sala más grande del Centro Cultural BOD, uno de los teatros de Caracas con mayor actividad cultural. Días antes de pararse en esa tarima, colgaron en sus redes sociales la contundente declaración de principios de Free Convict: “Desde la oscuridad nos hemos fortalecido. Aunque somos parte del problema, traemos soluciones. Es normal que sientas miedo: entre secuestros, robos y asesinatos, hemos pecado. Pero a pesar de los grilletes y negocios sucios, sabemos que no todos somos culpables. Aunque la justicia se ciegue a conveniencia, le quitaremos la venda para que nos vea a los ojos y sepa de nosotros.Venimos para quedarnos. Nos encerraron e intentaron silenciarnos, pero creamos una unión y nos hicimos más fuertes. Prepárense entonces pa´lo que se viene… desde la cárcel para el mundo”.

“Desde la cárcel para el mundo”, un tema escrito por Ray, es el tema promocional del disco. A finales de 2018 lanzaron el video clip de esa canción. Y el material hoy cuenta con tres nominaciones en los premios Pepsi Music, el galardón más prestigioso de la industria musical venezolana actual.

Ray Martínez salió en libertad el 1ro de agosto de 2018 y ahora su vida gira en torno a Free Convict. “Esto no solo es un grupo musical— reflexiona—. Es más bien un movimiento que tiene algo que decir: que la delincuencia no es buena”.

Desde que recobró su libertad, ha estado, junto a sus compañeros, repitiendo ese mensaje: a niños en situación de calle, a adolescentes en barrios empobrecidos de Caracas, a fundaciones que atienden a comunidades vulnerables.

Eso lo hacen mientras preparan un próximo disco. Y mientras ajustan los detalles para el gran bautizo del primer álbum, aquel que grabaron en la cárcel. Cuando eran convictos pero la música les daba libertad.

Erick Lezama