Fundación Barriga llena corazón contento

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Los chefs David Akinin y Francisco Abenante se conmovieron cuando una amiga en común les contó que en el Hospital J.M. de los Ríos, el centro pediátrico más grande de Venezuela, los niños hospitalizados no estaban recibiendo alimentación adecuada.

 

Impactados, David y Francisco se acercaron al hospital, ubicado en una céntrica parroquia de Caracas, la capital del país. Querían indagar más. Les dijeron que como el gobierno no le había pagado a la empresa que proveía los alimentos, ésta había renunciado. Lo constataron con sus propios ojos: ese día el menú era una pequeña ración de granos y medio plátano sancochado. Sintieron indignación. No sólo porque el plato no lucía apetitoso, sino porque no todos los niños, por sus patologías, podían ingerir lo que les estaban dando.

 

Francisco, quien está a cargo de los fogones del reconocido restaurant caraqueño La Casa Bistró y ganador el prestigioso premio Tenedor de Oro, reaccionó de inmediato: “Hay que hacer algo; no podemos quedarnos de brazos cruzados. Tengo un poco de pollo y vegetales en la nevera: ¿por qué no hacemos una sopa para los niños?”.

 

Ese mismo día de junio de 2016, picaron las verduras –papa, yuca, auyama, ocumo, ñame–, agregaron el pollo, un sofritode ajoporro, cebollín, ají dulce, cebolla y ajo. Cuando el caldo estuvo listo, fueron a repartirlo en el hospital. Vieron a los pequeños comer, a las madres sonreír. Al presenciar la escena sintieron que debían volver. Así que al día siguiente regresaron con más sopa. Y al siguiente también.Y no han dejado de hacerlo, diariamente, desde hace un año y medio.

 

Después de aquel primer día, David y Francisco les contaron a otros colegas, quienes voluntariamente se sumaron a la causa: aportaban ingredientes, se involucraban en la preparación. Al principio el grupo corría con todos los gastos. Pero advirtieron que era necesario hacer que la iniciativa fuera sostenible en el tiempo. Se les ocurrió armar una asociación para facilitar la búsqueda de donaciones: así fue crearon la“Fundación Barriga llena corazón contento”.

 

Son seis cocineros quienes la conforman. Además de Francisco y David, están Carlos García –también ganador del premio Tenedor de Oro–, Eduardo Moreno, Julio González, María Elisa Römer, Elisa Bermúdez y Víctor Moreno. Todos son chefs de renombrados restaurantes como Alto–el 32 mejor restaurante de Latinoamérica, según la revista británica Restaurant–, La Esquina, La Sibilla, María Elisa, Bal-Sam, Moreno.

 

A cada uno le corresponde encargarse un día distinto de la semana. Preparan el caldo en las cocinas de sus restaurantes, siguiendo la receta que diseñaron junto a un nutricionista –porque está claro que se debe cuidar la sal, la carga calórica–. No han pensado en variar el menú: la sopa es un plato económico, sencillo de preparar, que rinde. Además es fácil digerir y tiene los nutrientes necesarios para personas con distintas patologías.

 

Hasta septiembre de 2017, han entregado más de 25 mil porciones. Ha sido un promedio de 220 diarias. Invariablemente reparten de lunes a domingo y ha alcanzado para los pequeños, para sus madres y para el personal médico del hospital. Ahora, tres días a la semana, también llevan raciones al ancianato Madre Teresa de Calcuta, en el empobrecido barrio de Mamera, al suroeste de la ciudad. Y cada tanto, además, hacen jornadas para alcanzarles comida a los indigentes.

 

La Fundación Barriga llena corazón contento se mantiene con donaciones de la empresa privada, de personas –muchas anónimas– y de campañas de recolección de fondos que organizan.  “Aunque a veces ha habido poco, siempre hemos tenido los ingredientes para hacer la sopa, gracias a los donativos”, dice Francisco. Quieren llegar a más personas. Tienen planes, incluso, de repartir comida también en colegios.

 


Erick Lezema