Música para reflexionar

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Verónica Calenda solo necesita de una guitarra y un cuaderno en blanco para expresar el amor que siente por su país, Venezuela. Ella es oriunda de Valencia—una ciudad que queda cerca de Caracas—y desde pequeña sintió una gran inclinación por el arte, especialmente la música.

“Escribía canciones y las escondía en la funda de la almohada,” ella explica.

Hace tres años, Verónica enfrentó una situación que cambió su vida para siempre. Debido a la situación que atraviesa Venezuela, su familia decidió mudarse a Quito, Ecuador.

Al inicio, a Verónica le costó adaptarse a su nuevo entorno en todos los sentidos. Su vida cambió en muchos aspectos: desde cosas tan pequeñas como el hecho de aprender nuevos modismos de la lengua—y entender que para los quiteños su tono de voz era extremadamente alto—hasta cosas muy grandes, como no poder reunirse semanalmente con su familia para preparar hallacas—un plato tradicional venezolano—juntos.

No obstante, Verónica canalizó las emociones que sentía a través de la música, y compuso un total de seis canciones: “Lágrima de Sangre”, “This Is My Home” (Este es mi hogar), “There Is Hope” (Hay esperanza), “Humanidad”, “I Wonder” (Me Pregunto), y “Foot On The Moon” (Un pie en la luna).

En la mayoría de sus canciones, Verónica habla de la esperanza que siente por ver una Venezuela unida. Escribir sobre ello le tranquiliza.

“Cuando haces música te liberas. Es como si le contaras a un amigo lo que sientes. Ya no te sientes mal porque dejas salir aquello que tienes guardado,” dice Verónica.

Ella explica que el proceso de composición de canciones es mucho más que simplemente un desahogo de sus emociones, es un proceso que le ayuda a meditar sobre ella misma.

“La música te hace reflexionar. [Cuando] escribes algo, estás consciente de que alguien te va a escuchar. En un inicio quieres gritar y sacar lo que sientes, pero después ves tu propio reflejo en las letras y eso hace sacar lo mejor de ti,” dice Verónica.

Verónica menciona que muchos artistas venezolanos que han salido del país también escriben sobre Venezuela, por lo que no se siente sola.

Por otra parte, Verónica encontró un segundo hogar en Ecuador, conformado por ecuatorianos y venezolanos, y eso la ayudó muchísimo en su proceso de adaptación. Su familia ecuatoriana la hace sentir como si estuviera en casa, y ella se encuentra profundamente agradecida por eso.

“He encontrado a personas de buen corazón. Es mi segundo hogar. La ventana estaba cerrada y Dios me abrió la puerta, y lo que había detrás de la puerta fue lo mejor que me pudo haber pasado en la vida,” ella dice.

Esta Navidad, Verónica y su familia se reunirán con sus amigos venezolanos en Quito y festejarán en la manera tradicional venezolana: preparar hallacas y escuchar Gaita Zuliana—un tipo de música folklore venezolana. Quieren recordar la manera en que su cultura celebra las festividades navideñas.

“Entre venezolanos nos entendemos,” dice Verónica. “Somos un montón de hormiguitas que cambiamos de hormiguero, pero aun así, en el nuevo hormiguero, nos encontramos entre nosotros, y esa es la forma más optimista que tenemos de recordar nuestra vida en Venezuela”.


Jimy Beltran