Eposak

eposak6.jpg

Venezuela es un enorme álbum repleto de postales alucinantes. Ríos caudalosos, mares —bravíos o calmados; verdes, azules o turquesas; con o sin palmeras—, montañas, bosques, llanos y selva. A veces hasta nieve. Todo cabe en esta tierra mojada por el Caribe, fértil, generosa con su clima privilegiado de lluvia y sol. Son 916 mil 445 kilómetros cuadrados en los que todavía hay mucho por descubrir, tanto que aprovechar. El equipo de la organización Eposak lo sabe. Y con esa convicción sus miembros se han adentrado en las profundidades del país: van a lugares remotos, únicos y con potencial turístico que —quizá por desconocidos—, no suelen ser los destinos más comunes. Una vez allí, les muestran a sus habitantes que el turismo puede ser un sustento: que puede transformar sus vidas.

Llegan con el apoyo de líderes comunitarios. Primero escuchan las necesidades del sector. Les dictan talleres de capacitación a los vecinos. A quienes estén interesados en echar andar emprendimientos propios, les prestan apoyo. La idea es que esas iniciativas sean diversas, para que conformen una suerte de circuito atractivo al que, cuando está listo, llevan a turistas para que vivan la experiencia. Así, entre los anfitriones y el visitante se produce un intercambio: el foráneo no solo disfruta las bellezas naturales, sino que se conecta: interactúa con los habitantes del pueblo que lo recibe; conoce sus formas de relación, sus tradiciones, sus bondades.

Eposak es un puente entre los viajeros y las comunidades. Surgió en 2012 como un brazo de la Fundación Estaban Trobar, dirigida por el empresario del mismo nombre, uno de los directivos del Grupo Maso, compañía turística de larga data en el país. Al principio, Eposak era una herramienta de crowdfunding en bolívares para recaudar y otorgar fondos a pequeños emprendedores que vivieran en sitios potencialmente turísticos y que no tuvieran acceso a la banca formal. Funcionó bien. Pero el monstruo de la inflación que devora la economía venezolana ya hacía de las suyas, por lo que la tarea se volvía cuesta arriba. Cuando encontraban los recursos para los proyectos, ya costaban el triple y no se podían concretar.

Entonces se reestructuró la idea. Seguirían hallando financiamiento para impulsar negocios; pero además promocionarían los destinos para que la gente los visitara. Los recursos ahora los obtienen de múltiples vías. Organizaciones internacionales, empresas privadas e incluso los mismos turistas hacen aportes.  Eposak les otorga los fondos a los vecinos en calidad de préstamo. La cancelación es en cómodas cuotas y sin ningún interés. Ese repago va a un fondo usado para auspiciar nuevas iniciativas en esos mismos lugares.

El modelo sigue las líneas del ST- EP (eliminando la pobreza por medio del turismo sostenible, por sus siglas en inglés), diseñado por la Organización Mundial del Turismo. De acuerdo con cifras del organismo, el sector  genera 10% del PIB mundial: produce 1 de cada 11 empleos.

“No queremos que la gente se vaya de sus pueblos a las grandes ciudades en busca de trabajo, sino que tenga posibilidades de solucionar sus propios problemas en su entorno. Sabemos que en Venezuela los pueblos más remotos son los más desfavorecidos”, explica Andrea Pérez, gerente de relaciones institucionales de Eposak.  “Buscamos dar respuestas a las limitaciones que conseguimos. Nuestro foco se centra en educación: la educación persé y la educación en temas turísticos, deportivos y culturales”, detalla el director, Simón Pestano.

Todo comenzó en Kamarata. Ubicado en el estado Bolívar, al sur de Venezuela, es un valle extenso y húmedo. Está situado a las espaldas del Auyantepuy — una de las enormes formaciones milenarias de la selva venezolana conocidas como tepuyes—, del cual desciende el Salto Ángel, la caída de agua más grande del mundo. Fue en ese perímetro, que parece sacado de un cuento encantado, donde encontraron el nombre de la organización. Como una declaración de principios, Eposak significa “logro” en el dialecto de los pemones kamaracotos, indígenas que habitan la zona.

Allí impulsaron varias iniciativas. Un spa, una posada, un restaurante, una ruta para andar en bicicletas. Y el conuco Turadem, cultivado por Petra, una pemona kamaracota. Ahora, seis años después, el equipo se emociona al hablar de ella porque —dice— encarna la metáfora de todo: de logro.

En seis años, Eposak ha dictado más de 40 talleres de capacitación para los habitantes de Kamarata (estado Bolívar), Birongo (estado Miranda), Puerto Cruz (estado Vargas) y  Pueblos del Sur (estado Mérida). Gracias a las múltiples vías de financiamiento, 85 familias se han beneficiado con los 55 emprendimientos que han emergido. Es un balance positivo. Pero las estadísticas pocas veces pueden por si solas referir el impacto de una iniciativa. Los números hay que examinarlos a la luz de los rostros que los conforman. Así que Lucía, Simón y Andrea insisten una y otra vez en contar la historia de Petra. Porque su conuco ha dado muchos frutos. Brotan piñas, mandarinas, naranjas, limones, yuca, ajoporro, cebollín, tomate y lechosa. Todo eso lo vende a turistas y a miembros de la comunidad: así obtiene los ingresos para mantener a sus 10 hijos.

A Petra le resultaba difícil comprar las semillas y lombrices necesarias para fertilizar su conuco sin la utilización de químicos. Tenía que importar los costosos insumos desde Brasil y comprar algunos en Ciudad Bolívar, a varios kilómetros de allí. Eposak la ayudó con un préstamo y le dictó cursos de capacitación. Ella sembró, cosechó y canceló la deuda. Pidió un segundo crédito, que también pagó a tiempo; y ahora va por el tercero. En el ínterin, su proyecto creció. Petra diseñó una preciosa ruta turística hacia su conuco. Y está levantando un corral en el que tiene más de 30 gallinas. De allí recoge los huevos que vende a las posadas. Su emprendimiento no solo transformó su vida, sino que les dio una alternativa alimenticia a los habitantes de ese poblado en el que muchos, por el consumo excesivo de yuca,  tienen diabetes.

La iniciativa de Petra fue postulada a los premios de microempresarios del Citibank en el 2014 y obtuvo el primer lugar de la categoría de producción.  Esa vez visitó Caracas para recibir el galardón y participó en un taller de capacitación en finanzas con profesores del Instituto de Estudios Superiores en Administración (Iesa). Contenta, se regresó al pueblo. No solo por el reconocimiento, sino porque se devolvía acompañada de su hija, que se había ido a la ciudad a trabajar porque en Kamarata no tenía trabajo. Ahora ayuda a su mamá en el negocio. “Petra es una todo terreno, todo lo logra. Su historia nos indica que es posible. Es nuestro orgullo y por experiencias así es que queremos seguir”, dice, conmovido, el equipo Eposak  

 

Redes sociales:

Twitter e Instagram: @eposak

Facebook: Eposak

Videos:

https://www.youtube.com/watch?v=Q2vs0EfGBSE

https://www.youtube.com/watch?v=ngVCQ4mo-mI

(Cortesía de Eposak)

Erick Lezema