Chamatech

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Adolescentes embarazadas. Hijas de mujeres que también concibieron en la pubertad y que a sus 30 años ya son abuelas. Adolescentes embarazadas cargando en sus brazos a otro bebé: a otro hijo suyo. Adolescentes, en comunidades desfavorecidas, abandonando los estudios para dedicarse a trabajar por poco dinero.

Daniela Ropero –de 29 años, comunicadora social– ha hablado con ellas, ha escuchado sus inquietudes. Hace dos años fundó Soy Mujer, una organización en pro de los derechos de las mujeres, y en esa labor comenzó a palpar muy de cerca el problema: esta es una tierra habitada por muchas jóvenes –casi niñas– que se estrenan precozmente en la maternidad.

De acuerdo con las estadísticas del Fondo de Población de la Organización de las Naciones Unidas –basadas en datos que aporta el Estado–, Venezuela es el país suramericano donde más persiste el embarazo a temprana edad: de cada 1 mil mujeres que dan a luz aquí, 101 no alcanzan los 18 años. “¿Cómo se puede cambiar eso? –se preguntaba Daniela–. Algo hay que hacer”.

Se reunió con un equipo de educadores, sociólogos y psicólogos. Tras varias sesiones de análisis, concluyeron que una vía potente para abordar el problema era la educación y la tecnología. Y diseñaron Chamatech: un programa formativo de 9 meses –paradójicamente el mismo tiempo que tarda la gestación de un bebé–dirigido a chicas de comunidades vulnerables de Caracas, en las que la tasa de embarazo adolescente suele ser mayor. Dotan a las chamas –como en Venezuela se les dice a las jóvenes– de conocimientos de computación, para empoderarlas en esa rama que en 2020 puede estar produciendo 1,4 millones de puestos de trabajo.

El programa se divide en 3 niveles. Aprenden herramientas de programación web y lenguaje htlm y ccs, para crear páginas webs y aplicaciones digitales, así como a manejar de forma avanzada el paquete office. Pero además hay jornadas de concientización de valores como la igualdad, el respeto y la equidad de género.

“La tecnología es afín a esta generación y puede serles muy útiles. La educación es un canal efectivo para mostrarles lo que son capaces. La idea es sacarlas por un momento de lo violento o complejo que puede ser su día a día en esas comunidades. Queremos romper el círculo vicioso. Estamos usando la tecnología para mostrarles que tienen opciones de vida distintas al embarazo”, explica Daniela.

El proyecto comenzó a implementarse en octubre de 2017, en La vega, una extensa barriada incrustada en montañas del suroeste de la ciudad. Allí, en los sectores Los Cangilones y San Miguel, una vez a la semana más de 20 chamas se reúnen en salones habilitados por la comunidad. Las participantes reciben clases por parte de dos informáticos, quienes trabajan voluntariamente. En cada sesión, las chicas almuerzan y meriendan gracias a donaciones de instituciones privadas que apoyan esta iniciativa.

Al finalizar el programa, en agosto próximo, las muchachas deben tener listo un proyecto digital que aporte una solución a algún problema de su comunidad. Así que desde ya están diseñando páginas webs, ensayando maquetas, haciendo pruebas. Y aunque esa primera cohorte aún no termina su proceso de formación, Chamatech abrió las inscripciones para la siguiente, la cual se implementará en Petare, una de las barriadas más grandes y pobladas de Latinoamérica, ubicada al este caraqueño. Se han recibido más de 100 solicitudes de adolescentes que quieren participar. “Si bien estamos apenas comenzando, ese entusiasmo puede ser indicador de que vamos por buen camino –dice Daniela emocionada–. Estamos programando futuro, un futuro lleno de oportunidades.”

Rossiely Cerezo es una de las participantes. Tiene 16 años, estudia cuarto año de bachillerato y está muy animada por lo que ha aprendido en Chamatech. Y resume todo en una reflexión muy clara: “Hay mucho que hacer por el país, todos los días me propongo terminar el bachillerato y continuar la universidad. Definitivamente los venezolanos podemos lograr la nación que queremos”. Y de eso se trata.

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Erick Lezema